La insólita aparición de la Rubia desconocida (Parte 2)
Era una mujer alta, esbelta, majestuosa, con cabello dorado y lacio, tan brillante como una cascada luminosa que terminaba en unos hombros descubiertos, apenas tocados por unos delgados tirantes que condicían a vestido negro, cuya parte superior no podía ocultar un pecho altanero, y en su parte inferior después de pasar por una minúscula cintura, terminaba muy arriba de la rodilla, de forma que mostraba unos arrogantes y torneados muslos que solo podían estar unidos a unas pantorrillas deliciosas como aquellas que en ese momento me quitaban la respiración, sacando de órbita mis incrédulos ojos, que aún llenos de admiración terminaban de analizar aquella etérea figura rematada por unos pies hermosos, los cuales gracias a la forma de las zapatillas, delataban la perfección fetichista del pedicure de sus dedos coronados por unas uñas teñidas de rojo pasión.
Aquella visión, fugitiva belleza como un relámpago en tinieblas, me hizo tomar crispado de un solo trago mi bebida, cuando en un gesto, con su mano fastuosa, apartó el cabello de su cara y me indicó que fuera hacia ella con su índice.
¿Sería solo un espejismo celestial? ¿Sería la respuesta a mis ruegos? ¿Sería un premio inmerecido otorgado por una deidad anónima?
Escéptico aún de mi fortuna, pregunté con otro gesto si es que acaso era cierto que a su lado me quería. Ella asintió con una sonrisa que iluminó de pronto mi camino. Atolondrado y flotando con mis pies sobre las nubes, no pude resistirme al espectro de su absorción magnética. En pocos segundos que parecieron siglos, llegué a su lado, cómo ella me había ordenado con un solo dedo. Al admirarla de cerca pude comprobar lo que aún de lejos se adivinaba, aunque no en la magnitud real de su cegadora belleza.
¿Qué deseaba de mí aquella Diosa pagana? ¿ Acaso plagiarme de este mundo para siempre? ¿Regresar jamás, lejos, mañana?
Absorto aún y cavilante, embriagándome en su perfune cuya fragancia percibía como un bálsamo fugado de la panacea, escuché su voz de potestad celeste mientras señalaba con un dedo hacia la calle.
“Disculpa... ¿podrías mover tu coche? Está muy pegado al mío y no lo puedo sacar”
Dio la vuelta sin esperar respuesta, sin escuchar como se estrellaban mis sueños en el piso, después de haber tocado la gloria por unos instante, condenándome a regresar a la barra por toda la noche a beberme en solitario mi amargura.
Libellés : C'est la Vie












